
AMARILLO SIN FIN
Y fue nomás. Oportuna la contienda, triunfo del Amarillo. Por la 29.ª del "Que Moral", el elenco capitaneado por el Pola Back derrotó a su par Naranja por 8 a 4. Evocando la contienda, apoyándose en la joven estadística de este certamen, parece ser que la casa está en orden. Con cuatro tantos del Toro Hijo, uno del Galgo, otro del Talibán y los dos restantes de Sampa, los "brasileros" volvieron al ruedo. Ni siquiera el binomio de Pirueta, o las dos obras de arte del Oso Blanco y luego de Peter Parker, pudieron evitar el ocaso; la historia ya estaba servida.

Jornada casi "champagnesca" y un sinfín de obstáculos dispuestos a superarse. Tal es así que, por cosas de la vida, hubo que salir a la cancha con uno menos. Rápidamente, barajar y dar de vuelta, buscarle la forma al equilibrio y, de una vez por todas, comenzar a patear. Fue entonces que, de arranque, los holandeses pegaron primero. Sin dudar, en una jugada plagada de pases, se abría el marcador. Acto seguido, siendo todo sujeto a modificación, los cambios alteraron el statu quo. De pronto, y no tanto por tener un hombre de más, el socavón envalentonó a los amarillos. A fuerza de una contra precisa y apoyándose en errores ajenos, en solo unos minutos pasó a estar arriba 4 a 1; cómodo.
Llegado el complemento, la foto graficaba todo a la vez. Mucho ataque por parte de los dos, poco medio en general, mala definición de ambos colores, pero solo una defensa en pleno acto de sus facultades: la del submarino. A partir de ahí, siempre con el Naranja intentando achicar la brecha, los "cariocas" rompieron compuertas. Aceleraron, ganaron metros y, empujándose en el nerviosismo de enfrente, siguieron castigando en un partido que no parecía terminar jamás. Lluvia de goles, dudosa precisión con el balón y un final descontrolado que concluyó por bendecir la noche.
Festejo de la banda tropical y todo acomodado en su lugar. Una velada con muchos goles, pero también plagada de yerros y desatenciones. La Misa, porción del tiempo necesaria para estar bien, una vez más fue testigo de otro interesante cruce. Aquellos que parecían tener mucho punch finalizaron la jornada más pinch que nunca. Amarillo sin fin y dale, che, que sea miércoles ya.
