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EL CHAMPAGNE LOS PONE NARANJAS

March 13, 20262 min read

Noche de fútbol, goles y mucho chimichurri. No faltó nada en la victoria del equipo Naranja: 8 a 7 sobre la escuadra Amarilla. Sucede que, por la séptima fecha del Torneo Qué Moral 2026, la excesiva cantidad de festejos fue la vedette de una jornada épica. Dos de Pirueta y dos de Rocky, sumados a los gritos del Mariscal, Pela, Oso Negro y El Zapatero, avalaron la enmienda del conjunto ganador y desestimaron el goleo rival: doblete de Santy y del Oso Blanco, más tres del Galgo. Claro que, en la última del partido, si no fuera por Iñaki, el empate hubiese sido un justo resultado.

Cuentan que la estadística es mala, pero no miente. Con pocos jugadores, en un recinto grande y con espacios, la sumatoria de eventualidades puede multiplicarse. El Champagne, como variante del Cindor y la Misa, se agranda considerablemente en escenarios como el de ayer, con la mínima permitida: ocho jugadores por lado. Sin embargo, en medio de una evolución sustentable de cada una de las piezas, esta fija con nacimiento en el recordado Arena no tuvo la fuerza esperada. Desde el minuto uno se vio fútbol serio y bien llevado. Cambios de frente, rotación, pases y buen trato con la caprichosa. Obviamente, y con las lagunas del caso, las contras rápidas se sucedieron una tras otra, y de ahí los goles.

Casi siempre con la armada “holandesa” arriba, las variables cariocas fueron chocando contra un buen ensamblado defensivo. Sin un mediocampo demasiado participativo, y con grandes tranqueras que permitían el paso de los más veloces, todo era desequilibrio y algarabía. Justamente, a poco de finalizar el cotejo, ese mismo ida y vuelta demoníaco terminó empatado en siete.

Acto seguido, con el árbitro a punto de señalar la mitad de cancha, un bombazo certero desde el arco le permitió a Héctor Palavecino sentenciar la victoria; directo al tercer tiempo y a pedir algo para comer. Pero no. Continuando con el descontrol ya instalado, la utópica violenta y el cansancio como punto de ebullición, en tiempo recontra adicionado Iñaki le tapó la última al Galgo. Increíble pero real: en una cita donde los arqueros habían pasado inadvertidos, los reflejos pagaron la cuenta. A partir de ahí, solo felicidad naranja.

Aplausos y más aplausos. Gracias por un partido distinto, tan grotesco como perfecto. Repleto de errores y pasos en falso, pero también vestido de una adrenalina atolondrada que recién vio la luz a las 22:20. Inexorablemente, cada juego es una variable más. Anoche, sin tanto punto medio, lo exagerado fue verdaderamente lindo. No hay dudas: el Champagne los pone naranjas. Brindemos.

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