Juani Zolotucho en Los Papis del Euskal y amigos

ESA MALDITA COSTILLA

May 11, 20262 min read
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Y perdón a la tan osada autorreferencia, pero a más de uno hoy le duele fuerte. Tanto como dejarlo todo, jugar a más no poder, partirse el alma y tener asumido ese cincuenta por ciento de lo ya establecido; la otra mitad será cara o ceca, suerte o verdad. Resulta que ayer, los veinte presentes en el Palacio por la Décimo Tercera Fecha del “Que Moral 2026” volvieron a dar la talla. Más allá de un ganador explícito —el Naranja, por 4 a 2— la fiesta fue completa. Con dos goles de Juani Zolotucho, uno de Potrillo y otro del Toro Jr., la armada “holandesa” sacó del ostracismo a más de uno. En la vereda opuesta, con gritos de Pirueta y del Oso Blanco de penal, los de Amarillo siempre corrieron desde atrás.

Paridad en los papeles, buen trabajo de la “Secretaría de Deportes” para la teoría y rezos para que no llueva. Estampitas a la venta del Mariscal, cantos paganos a dioses ocultos o prácticas poco sensibles a la lectura familiar; todo era factible a la hora de salvaguardar la cita. Sin ningún tipo de imposibles, con el reloj marcando las 21:20, la pelota botaba en San Martín. Ajenos a los supuestos de muchos, en medio de una velada cálida y una noche típica de principios de diciembre, cualquier psicopatía se iba por la tangente: ¡se juega!

Y fue entonces que, superando el primer cuarto de hora, los liderados por el Toro pegaron primero y por dos. Prolijos en la salida y rápidos en el ataque, el “Team Orange” manejaba los hilos. Claro que un descuento aislado y la lesión de uno de sus defensores iban a desestabilizar el aparente reinado. Peor aún: ya en el complemento, luego de una mano en el área bien cobrada, la “canarinha” empataba de penal. No era justo, no era lógico, pero era real.

En contrapartida, como guion de una serie previsible, se vio lo mejor del Naranja. Al límite, con esa fricción y chamuyo que tanto nos gusta, avanzó haciendo su lugar en tierras pantanosas. Templanza y agresividad deportiva para que, una vez más, pasara al frente; y aprovechando otro par de festejos propios se adueñó de la diferencia. Desde ahí en adelante, todo fue controlable. Más allá de alguna llegada más por parte de su rival, este último nunca logró encender las alarmas. Tan lejos del empate como un marinero de la costa, los capitaneados por Pirueta desistieron de la idea.

Triunfo de la escuadra naranja y 7 a 6 en el conteo global de esta temporada; nunca estuvo tan parejo. Otro “match” digno de la Misa: fútbol de toque, oportuna desesperación y aprovechamiento de la que venga. La calma de estar roto por hacer lo que, paradójicamente, nos cura. Y sí, algunos soldados vieron las estrellas (o las están viendo). Esa maldita costilla, hoy más que nunca, duele y perdura.

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