primer torneo de los papis del euskal JR

ESTAR LEJOS Y NO TAN LEJOS

July 11, 20263 min read

Sucedido nuestro primer "torneo relámpago", a varias horas del ya extinto "Mundialito San Ciro", esta Secretaría no puede eludir la siempre esperada crónica, ese repaso periodístico de todo lo acontecido. Con tiempo para opiniones, debates, evaluaciones o simples charlas en pos de seguir construyendo, la cronología de los hechos merece tener su lugar.

Y es ahí donde la responsabilidad de las partes conlleva al desafío, a la aventura. Conscientes de que ningún arranque es tarea sencilla, el amor de nuestros hijos por el fútbol esquiva todo tipo de obstáculos. Tantas veces apuntalando sus sueños, sus proyectos personales y sus anhelos más fervientes, ¿por qué no darles esta vez el gusto de jugar bancando una sola camiseta: la de la amistad? Columna vertebral de "Los Papis del Euskal (y amigos)", compartir una pasión con los propios, más allá de todo y de todos.

Conocido mundo para pocos, un desierto pleno de novedades para el resto, la dinámica de lo impensado se sucedía en tres partidos de quince minutos cada uno; realidades distintas, aprendizajes efímeros: todo vale. Pero los nuestros fueron; sin pensar demasiado, con sus recursos a flor de piel. Como soldados rumbo a una batalla, lejos de saber con quién les tocaría pelear. Ante Fuerza Joven, del barrio El Zaizar, arribaron las primeras emociones. Temores al paso, decisiones erráticas y un chaleco de nervios a cuestas coparon la parada. No era fácil la propuesta; hoy no se trataba de un escudo o una institución: esta vuelta había que hacerlo por los amigos. Un 2 a 1 en contra dejaba mucho en el tintero; sabor amargo y alguna lágrima poco conformista. El empate transitorio del Pola Bak había ilusionado a los presentes. Las grandes atajadas de Tato Lemmo, mucho más. Pero fueron esas mismas desatenciones de un bautismo agitado las que pudieron todavía más.

Pasando página, luego del almuerzo, la segunda estación nos agarraba mejor. Contra Barrio Grande, oriundo de la ciudad de Monte Grande, había que salir a ganar. La rareza: esta vez jugaríamos sobre césped sintético. Tentadora la sorpresa, conscientes del buen pie y del juego por abajo, las condiciones cambiaban favorablemente. Y así pasó: era otra cosa lo que se veía. Pacientes, maduros, combinando posiciones y bancándose la desdicha de jugar desde el banco, los pibes eran más que un rival experimentado, según la estadística, semifinalista del certamen. Cosas de este deporte, mañas macabras del destino, hicieron que, en la última jugada ajena, en el último segundo, un tiro libre bombeado decretara la única diferencia del pleito. Angustia mediante, siempre la mano al rival y la bronca de haber logrado cambiar el chip sin obtener el premio final.

Con ninguna chance de podio, la decisión de ellos fue continuar. Lejos de mirar la tabla, convencidos de sus falencias y virtudes, pasadas las 19 horas Los Papis del Euskal Junior completarían el cuadro acordado. Es más, a sabiendas de enfrentar al mejor equipo del grupo, la consigna fue clara: volvemos a jugar todos, como equipo, como los mismos que se habían animado ocho horas atrás. Lógicamente, teniendo en la vereda de enfrente a Los Amigos de La Morita, la historia fue fácil de deducir. Goleada por 7 a 0 para los de amarillo —minutos después, finalistas—; un baño de realidad que enseña, pero del que todos salieron con la cabeza bien arriba.

Cada uno con su resumen o su librito de mesa, este CM se permite una conclusión final. A kilómetros de tomar la situación como una "derrota digna", odiada frase conformista si las hay, la verdadera consecuencia de lo sucedido ayer se resume en tres palabras.

Creer: en cada uno, en el equipo, en quienes los rodean.

Aprender: que cada paso no se resuelve enseguida; lleva tiempo, dedicación y paciencia.

Amigos: que al estar juntos simplemente van detrás de un sueño; que por un día deciden no competir como lo hacen en sus clubes y ponen por encima el valor de la amistad, aceptando diferencias y derrotas.

Entonces no tengo dudas de que ayer se estuvo lejos. Pero, ojo, déjenme decirles algo: no fue tan lejos.


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