
FUE COMO UNA RÁFAGA DE GOL...
Crónica de Iñaki:
FUE COMO UNA RAFAGA DE GOL...
Es lo que necesitó el elenco amarillo para llevarse por delante a su par naranja. Por 8 a 3, en una noche que justificaba la superpoblación, aquellos primeros instantes del cotejo definieron absolutamente todo. Y si bien la lesión del Panadero había dejado a los «holandeses» con un hombre menos, el aluvión «brasilero» fue tan desquiciado como superador. Con un doblete del Toro Junior, lo mismo que su padre, el Toro, y el Oso Blanco, sumado a los gritos de Cali y el Galgo, la victoria del submarino era cuestión de minutos. Poca resistencia desde el otro lado, que, jugando el complemento con un jugador más, ni siquiera el doblete de Alan en su regreso a las canchas ni el acierto de un correcto Potrillo pudieron torcer el final.
Una vez más, la lluvia, los truenos y alguna piedrita de hielo ponían en jaque a la banda. Lejos de asustarse, muy por el contrario, felices ante un nuevo chapoteo, el grupo respondió con altura a la consigna elevada. Diez contra diez, dos parrilleros dispuestos... ¿y qué podía salir mal? Nunca se hagan esa pregunta. Media hora antes de arribar a San Martín, Naza era baja por una indisposición y el Naranja sufría un contundente bache defensivo. Fingiendo demencia y apostando al resto de sus piezas, el partido comenzaba respetando lo acordado. Una igualdad en uno durante los primeros veinte minutos proporcionaba calma y traía recuerdos de la fecha anterior. Sin embargo... en un abrir y cerrar de ojos, todo se fue al carajo.
Lógico y providencial, en apenas unos minutos, los capitaneados por el Pola Bak ganaban por 5 a 1. Velocidad, contundencia y aprovechamiento del error ajeno: todo era fuente de supremacía. Entendiendo que las diferencias eran contundentes, el estatuto es muy claro. En pos de un evento saludable y buscando que todos la pasemos lo mejor posible, había que nivelar. Con Rocky del lado naranja, el segundo tiempo fue diferente. Más allá de que no se produjeron grandes cambios en el marcador, unos se afirmaron y los otros mejoraron. Es verdad que, con más espacios, más cansancio y los sentimientos a flor de piel, el juego en sí fue quedando desplazado. Una realidad inevitable en un match larguísimo que había definido su estatus demasiado temprano.
En resumen, la sinfonía sonó toda para un solo lado. Con distancias propias del recorrido —y no desde el vamos—, la situación amplificó realidades y no dejó dudas. Coherencia en el armado: un hombre menos condiciona tanto como contar con el mejor entre los propios. Cosas del fútbol, donde todo fue como una ráfaga de gol.
