
LA MURGA DEL ESCOCÉS
Está claro que, si de música se trata, aquella promiscua combinación de sonidos proveniente de África, su mezcla con otros géneros latinos y esa comparación rítmica con base en el Río de la Plata, hacen que la murga sostenga ser un verdadero crisol. Para nada lineal, sin eje y muchas veces ajena a la lógica artística, se destaca por ser algo difícil de explicar. Lo sucedido ayer en el Palacio, en el triunfo del Naranja por 6 a 4 sobre el Amarillo, fue exactamente igual. Sin dudas, un vale todo permanente, donde el desorden aspiró al orden, las tempranas lesiones marcaron agenda y el aguante de la polémica dio lugar a un goleador desaparecido que hizo la diferencia. Con tres goles de Cali (enmarquen el segundo), dos de un imparable Toro Junior y el último del Oso Negro, los “holandeses” resumieron su impronta en un resultado tenístico. En la otra vereda, con mucho en el haber, marcaron para la “canarinha” Sampa, Pirueta, Muelita y Santino.
En realidad, nada comenzó como debería comenzar. El buen trabajo de la Secretaría de Deportes, con su ministro viajando en estas horas hacia el exterior (tema para tratar luego), fue perdiendo brillo horas antes de la cita. Bajas de dudosa justificación, junto a altas que invitaban a la modificación de los equipos, suscribían un concierto de irregularidades y planteaban el caos. De hecho, con la gente en cancha y la pelota en el círculo central, nadie sabía qué pechera utilizar; un espanto. Nuevamente, la rapidez de varios y el ingenio popular lograron felizmente enderezar el rumbo. En la cancha 3 del Club San Martín se jugaba la Fecha 14 del “Torneo Qué Moral 2026”.
Futbolísticamente, y previo pantallazo descripto en el primer párrafo, no hubo juego de alto vuelo. De entrada, siendo 11 contra 10, el Naranja pegó primero. A partir de un intratable Fasce, con dos tantos desde los vestuarios (el primero, adelantado y no cobrado por el arquero rival), se empezaba a marcar un camino. Si a eso le sumamos las lesiones del Toro y el Puma (de yapa, un gol más), el guiso se ponía picante. Reacomodar las partes, uno para acá, el otro para allá, y ahora era el “brasileño” quien tenía un jugador más. Claro que de poco sirvió. Sin patear al arco, abusando del traslado y errando absolutamente todo, hubo aplausos para el aguante de “Comando Mandarina”, que inclusive terminó marcando de contra; increíble, pero real.
Y este deporte es así, diametralmente opuesto a lo sencillo, a lo cortés. Si hoy hubiera un “pin pon” y contáramos las jugadas de peligro, más de uno debería colgar los botines. Pero el partido siguió; un penal por fecha siempre hay y gracias a Dios que existe el offside. La dinámica de lo impensado contribuyó a lo extenso del título: 6 a 4 en el score y mucho más para decir no hay. Fue victoria del mejor de los dos; del más oportuno, pensante, que supo leer la locura ajena y aprovechó a la perfección el revoleo. Ahora bien, y a diferencia de otras veces, de fútbol hubo poco. En Guillón, el show abrió 21:30 y fue una completa murga; justamente, la del Escocés.
