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MAS OBSENO POR DOCENA

April 09, 20262 min read

De acuerdo a la Décima Fecha del certamen “Que Moral 2026”, la misa de los miércoles voló pornográficamente por los aires. Sin escatimar elegancia, a fuerza de goles y una supremacía absoluta, el conjunto Naranja aniquiló por 12 a 1 a un vergonzoso representativo Amarillo.

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Desde el minuto uno, con cambio de arquero incluido y una nula reacción ajena, la masacre holandesa quedará guardada en la historia del grupo. No solo por ser el resultado más abultado desde la llegada al Palacio San Martín —o el más longevo en los siete años de existencia—, sino también por lo crudo de las formas; por la vergüenza deportiva. Con cinco goles del Zapatero, tres del Toro Junior, dos del Oso Blanco, uno del Pola y otro del Toro (padre) —mientras que en algún momento había descontado Kabak—, la diabólica performance hizo añicos la estadística. Y como bien dicta aquel pochoclero título de comedia, “Más barato por docena”, lo sucedido hace algunas horas no fue un tema de precio: simplemente fue sexo.

Como partícipe directo del desastre, como parte fundamental y urgida dentro de este caos, qué lindo sería no hablar más del asunto, tirar un poco de tierra al fuego y a otra cosa, mi estimada mariposa. Sin embargo, siendo como el resto: verdaderos amantes del fútbol, aplaudir tamaña puesta en escena es lo único que nos queda. Vestido de cronista y aportando al espectáculo, describir una faena tan emotiva hace valer tanto caucho pisado. Y fue nomás que, de manera exprés, en solo cinco minutos y cuatro tantos al hilo, se pudo ver la película completa: el spoiler de un drama agudo y siniestro. Donde, más allá del descuento carioca ocurrido en el ojo del huracán, no hubo nada más de qué preocuparse.

Goles por doquier, en cada avance y aprovechando cada una de las contras, la Naranja estaba más mecánica que nunca. Sin reacción, adoctrinados, malhumorados y sumisos como vaca al matadero, el correr de los minutos lastimaba el vestuario amarillo. Completamente partidos, sin derecho al regreso, solo faltaba —y se esperaba— el pitazo del árbitro. Un escándalo pocas veces visto, donde nadie, absolutamente nadie, puede salvarse del bochorno. En contrapartida, el común allí presente era testigo de una autopista de festejos no apta para brasileros.

Entonces, con un rendimiento general por encima del siete —tema para el viernes y los tan esperados puntajes—, el desenlace no ofreció misterio ni sorpresa. Son noches atípicas que de pronto pueden suceder. Desde la paridad más absoluta, con equipos correctamente planeados con varias horas de anticipación, el show sacó ventaja y tendrá tiempo para seguir dando que hablar. Porque en una velada “noporn”, hablar de doce goles o ser parte de esta extrema abundancia es el mejor precio posible para tanto fútbol de galera y sin tabú.

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