
Naranja con Champagne y el Paredes de Nueve de Abril
CRÓNICA
NARANJA CON CHAMPAGNE
Por la Décima Sexta Fecha del “Torneo Qué Moral 2026”, el conjunto Naranja se tomó el trago y derrotó por 5 a 3 a sus pares de Amarillo. Continuando con una seguidilla de cuatro partidos al hilo y siendo claro animador del año, los holandeses primaron su calma, ññ
No fue sencillo haber llegado hasta acá. Las bajas temperaturas, la cena caliente en horario y una buena serie de aplicaciones marcaron tendencia entre los cuantiosos negativos. Sin embargo, teniendo en cuenta lo plural de esta masa societaria, fuimos más los que levantamos el pulgar y pactamos presencia. Entre felices regresos y un bautismo acordado —hacía rato que no sucedía—, los equipos, coherentemente ensamblados durante la tarde, daban urras pasadas las 21 horas. Justamente, dejando de lado tanta burocracia y ñoquis en el haber, la noche por fin dio paso al fútbol.
Desde el inicio todo fue mandarina. De hecho, con dos goles acelerados, la balanza se torció rápido. A partir de ahí parecía haber un solo conductor; con espacios, buenos pases y recorrido, el único error de los luego vencedores fue la definición, o mejor dicho, la escasa definición. Y si de errores se trata, los goles que no se hacen, se sufren. Entonces, sin mucho más que ofrecer y como bien dicta el paradigma del 2 a 0, el Amarillo logró empatar. Aportando su propia revolución y apostando a ver a su adversario inmerso en un mar de dudas, el plan nunca logró salir del todo bien. Un tercer y cuarto gol naranja trajeron paz y, al mismo tiempo, destrucción; y pese a volver a intentarlo, la diferencia de dos goles nunca pudo suplirse.
Lo que parecía cantado tuvo sus “cositas”. Eso que se visualizaba como algo obvio no lo fue, y ahí radica lo lindo de este deporte. No obstante, con ocho jugadores por lado, llanuras de campo por habitar y orgullosas jugadas que permitieron elegantes pases, nadie pudo tapar el sol con la mano. Y sí, la conexión tuvo su trofeo y la plancha también. Otra vez sin ser misa, la ley es clara y se acata: el Champagne tuvo gusto a naranja y, déjenme decirles, no disgustó para nada.
