
FRESCA Y RADIANTE VA LA CINDOR
Tuvo que pasar mucho tiempo para que los más chiquitos vuelvan a ser parte de la misa. Época de transición: el colegio como pata ancha y los pormenores organizativos frenaron la otra mitad de la historia. Hoy, con todo más resuelto, el devenir de una jornada maravillosa estaba a la vuelta de la esquina. El Palacio San Martín, como rareza máxima, invitaba; y en una gigantesca cancha de nueve, padres contra hijos pondrían en ejecución el partido más importante de todos.
Clima perfecto, velada ideal y dos equipos enfrentados que se conocen mucho. Carta abierta para los rapiditos y mucho de eso tan lindo llamado juego asociado. Salidas ordenadas, triangulaciones por la izquierda y control en el avance dieron lugar a una ostentosa ventaja inicial para los más jóvenes. Un 4 a 1 parcial que no solo preocupaba a la vieja escuela: la ocupaba pensando en cómo ejecutar después. Con goles de Milo, Joaco Villagra, Bautista y Baltazar, las diferencias hablaban por sí solas. Y si bien esa molesta paridad no tardó en llegar por parte de los mayores, un gol más del niño de Guernica y otro del chiquitín Pintos sentenciaron el seis por lado.
Llegaron los penales y metele que se queman las hamburguesas. Entre las atajadas del gran Franco y las buenas ejecuciones de los jóvenes en general, la victoria de los peques no sorprendió a nadie. Abrazos de alegría y objetivo cumplido: el primer gran Cindor tenía dueño. Desde este lado de la vereda, la alegría del disfrute ajeno. También ser testigos de un crecimiento inagotable, de sus ganas y de sus logros.
En definitiva, lo de ayer se sintetizó como un perfecto cable a tierra. Ya vista de lejos la goleada del Eleven —sufrida desde el lado naranja—, compartir con mi hijo algo tan puro como el fútbol nos explota el alma. Rivales casuales, pero siempre en la expectativa de sus movimientos, de sus jugadas, de sus aciertos y errores. Sensaciones fantásticas que le dan margen al tan esperado Cindor.
Como reza el calendario, habrá que esperar hasta el año que viene para repetir. Repletos de magia, son ellos el motor de nuestras locuras. Llevarlas al césped es la osadía del orgullo anunciado. Fresca y radiante va la Cindor… y por ahora no hay nada que la sustituya.

